Rosario tiene 19 años. Ante los ojos de todo el mundo es una niña "normal", va a la universidad, tiene amigas, sale de antro, tiene obligaciones en su hogar... incluso tiene un novio desde hace algunos meses.
Sus compañeros de la universidad la consideran una chica perfecta porque además de tener una belleza incomparable, es inteligente, buena amiga, fiel a su pareja y logra mantener una figura como de portada de revista de modas.
Las demás chicas de la escuela hablan a su espalda. Muchas la odian. En las pláticas entre "niñas" es común escuchar comentarios como: "La odio, quisiera tener su cuerpo", "maldita, cómo le hace para mantenerse así", "que envidia, toda la ropa se le ve mejor"... y Rosario sabe que lo dicen. Y recibe con halago fingido los comentarios de los muchachos sobre su belleza y su figura.
Detrás de esa cara linda, pero pálida, se esconde una mujer que se odia, que tiene las manos lastimadas porque ha roto decenas de espejos, que no logra verse con los ojos de las demás personas... la persigue un fantasma desde hace algunos años. Un fantasma que muy pocos han notado y del que, aún así, no han hablado, alegando una mala jugada de la imaginación.
Puede pasar días enteros sin probar alimento. Es común verla con una botella de agua, que, la mayoría de las veces, es la única sustancia que entra a su cuerpo. Cuando tiene crisis de ansiedad, provocadas por el hambre, come todo lo que puede hasta saciarse, incluso comúnmente rebasa el límite de comida que su cuerpo puede tolerar. Pero no le importa porque ha desarrollado la capacidad de deshacerse de todo eso que entró a su cuerpo. A su garganta le son ya familiares sus dedos.
Está muy por abajo del peso de una mujer de su edad, pero ella sigue sin aceptarlo. Su obsesión no tiene límite. Se siente gorda y su mente le hace malas jugadas cuando se mira al espejo. Cree que sobre su cuerpo hay una capa de grasa pesada que más de una vez ha soñado con arrancarse con tijeras.
Mientras más pasa el tiempo, su delgadez deja de parecer la de una persona que gusta de mantenerse saludable. Sus pómulos, codos, clavículas, huesos ilíacos y espina dorsal cada vez se notan más. También se siente más débil. Y su estómago rechaza todo lo que ingresa. Ya es involuntario.
Tenía una cabellera negra, rizada y abundante. Desde hace unas semanas descubrió con terror que, después de aplicarse el champú, durante la ducha, sus manos estaban llenas de cabello... y su toalla y su almohada. Su ciclo menstrual se detuvo y no porque estuviera embarazada. Tiene un problema, ahora todo mundo lo sabe, pero ella no lo acepta, está obsesionada con perder peso, incluso si eso significa la muerte.
Todo en ella cambió... lo que era se desvaneció... incluso la ilusión de vivir.
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