sábado, 8 de marzo de 2014

Te veo ahí... sola, esperando.

Y de pronto te visito, veo que han pasado casi 3 años desde la última vez que estuve frente a ti. Te observo silente, deseosa, esperando que mueva mis manos y que de el primer movimiento pero no sé, quizá he perdido la práctica, quizá me he ahogado en un mundo de responsabilidades, números, cuentas, problemas y demonios internos; quizá olvidé que estabas ahí para mi, pero nunca olvidé que podría regresar a ti siempre que quisiera y que tal vez, sólo tal vez me recibieras de buena manera. Y lo hiciste.

Estás ahí, esperando mi primer movimiento, te veo, pienso, me cuestiono y reprocho el tiempo que permanecí alejado; pero he regresado. Por lo menos es el primer paso, porque ¿sabes? Incluso un maratón comienza con el primer paso. Y este es el mío.

Nos encontramos de nuevo, página en blanco y tembloroso y lleno de dudas recorro las teclas suavemente tratando de escribir algo y esto es lo único que sale. Es un primer paso, y creo que como primer paso no está nada mal.