lunes, 16 de junio de 2014

Rodizio... la espada que cruzó mi corazón


En los últimos años me he hecho a la (mala) fama de no terminar lo que comienzo... específicamente hablando de textos propios. Dicen por ahí que tengo una especie de talento y un estilo agradable, pero que me falta explotarlo. Y debo decir que aunque vivo de escribir y plasmar ideas, y aunque amo escribir, aunque tenga muchas ideas o proyectos en la mente a veces siento un bloqueo mental que no me deja escribir una sola palabra relacionada a mis ideas... sólo trabajo, en el trabajo se me va la vida.

Bueno pues, este es mi primer paso para retomar poco a poco esa pasión que me llevó a estudiar periodismo y a lo que hoy hago... jugar con las letras y las palabras. Aquí vamos, pues.

Resulta que desde el 2009 aproximadamente, cuando comencé a trabajar en una agencia de publicidad en la Ciudad de México, me hice fan de las "espadas brasileñas" porque el dueño del lugar tenía un bonito restaurante de cortes brasileños -"churrasquería", se hacen llamar- así que como empleados de la agencia, teníamos un súper descuento en ese sitio, que se llama Brassileirísimo... o Brasilerísssssimo... la verdad nunca me aprendí el nombre correcto.

Para quien no conoce el concepto de "espadas brasileñas" resulta que ponen deliciosos, jugosos y apetitosos trozos de res en unas varillas que en verdad parecen espadas y las asan a las brazas lentamente, la carne queda totalmente jugosa y sabrosa... y lo divertido de las espadas brasileñas, es que los meseros desfilan por tu mesa llenándote de "pequeños" trozos de carne fileteados de su "espada" y comes... y comes... y comes... hasta que tu estómago dice "no puedo más" y tú quedas prácticamente muerto a la mesa con una sonrisa de satisfacción, como Red Barclay, el trailero de Los Simpson que muere después de ganar el reto de Slaughter House a Homero.


Cuando me mudé a Cancún hace ya casi 3 años, lo que más comencé a extrañar eran mis lugares habituales para comer: desde los tacos de pastor de El Vilsito en Petén y Av. Universidad, hasta los jugosos cortes de la churrasquería brasileña de mi antiguo jefe.

Así que me di a la tarea de buscar algo parecido aquí, sin ningún éxito. Hasta que un día me enteré del "nuevo" restaurante que abriría sus puertas en Cancún: Mr. Pampas... así que en mi cumpleaños pasado decidí que quería festejar complaciendo a mi paladar con un jugoso Rodizio (así le llaman a la colección de espadas con cortes que desfilan por tu mesa).

Salí de ahí tan satisfecho como podrías quedar con un coitus interruptus... es decir, con buen sabor de boca y habiendo "disfrutado" el momento, con sonrisa a medias y un "mmheee podría estar mejor"... ¿estaba bueno? Cumplió con el antojo; le picanha, que se supone que es de los cortes más jugosos, estaba seca y corriosa... ahí me perdieron y si a eso le sumamos la jetota del mesero que más que servirnos y hacernos sentir cómodos parecía que nos presionaba para que nos fuéramos, me lleva a decir que no, no regresaría. Pero hay cientos de personas más a las que les gusta porque siempre que paso por ahí está atascado el estacionamiento... es como el lugar poser de moda aquí.

Como esa experiencia no fue suficiente para mi, seguí buscando un lugar que cumpliera completamente mis expectativas, que con cada trozo de carne en mi boca escuchara música celestial... y lo encontré: Bovino's Churrasquería, a un costado del Costco de Cancún. Desde que entramos el lugar nos encantó, la atención inigualable, tenía mucho que no iba a un sitio en el que me dijeran "señor"... sin que le siguiera un "está usted haciendo el ridículo"... de esas partes donde realmente te sientes cómodo, apreciado, donde todos te sonríen y aprecian tu dinero, que vale lo mismo que el de cualquier otro comensal.

La calidad de carne, uff, inigualable, no sólo ofrecen picanha de res... ¡también la tienen de búfalo!.. cada corte era mejor que el anterior... desde el pavo envuelto en tocino, hasta el baby beef y el top sirloin... bueno, hasta molleja y ubre... ¡manjar de dioses!

Eso sí, nada barato, pero salí completamente satisfecho... cada una de mis papilas gustativas había tenido un orgasmo y cuando salí del restaurante ya iban por el cigarro y a acurrucarse con la papila de al lado para reposar el atascón. Es de esos lugares que te dejan con ganas de regresar a la mayor brevedad... cosa que a la cartera no le agrada tanto.

Semanas después moría del antojo de carne y lo primero que pensé fue "espadas brasileñas", por coincidencia, esa tarde me salió un anuncio de Facebook de un lugar llamado "Espadas Cancún", se promocionaban como "el sabor auténtico de brasil al alcance de tu bolsillo", ofrecían el "Rodizio" con 8 cortes con posibilidad de repetir los 2 que más te gustaran, más "barra de pastas y ensaladas" por sólo $145...

Antes de seguir... todo lo que parezca demasiado bueno, por lo general no lo es. Apréndanse eso.

Investigué dónde estaba el lugar, no estaba muy lejos de mi casa. Leí algunos comentarios de la gente, por lo general relataban buenas experiencias. Así que decidí que le daría la oportunidad con la premisa de "a veces te puedes encontrad grandes sorpresas en los lugares más pequeños".

Total, esperé a que Ale regresara del trabajo y le vendí la idea de ir a probar. Le pareció buena. Para empezar nos costó un poco de trabajo encontrar el lugar, cuando pasé por primera vez por afuera del local, dudé que pusiera ser ahí, era básicamente el patio techado de una casa con algunas mesas de madera, vacío. Completamente vacío. Aún así me aventuré a bajare del auto y preguntar si tenían servicio: un escuálido mesero cuarentón, medio encornado y peinado de lado me dijo con una sonrisa (que después interpreté como un "wow, los primeros clientes del día") "sí, pásenle por favor. Bienvenidos".

Cuando nos sentamos a la mesa, muy amable él nos preguntó qué queríamos de beber. Pedimos naranjadas para los 3 y una sin hielo para Boli. Se tardó como 15 minutos, regresó a nuestra mesa y nos dejó las bebidas a Ale y a mi... a Boli sólo un vaso vacío.

-¿Dónde está la naranjada del niño?, pregunté.
-Ahí set´el vaso, enseguida se la traigo, respondió.

Se metió de nuevo a la cocina y de ahí al patio trasero donde tenía el asador... de lejos podíamos ver cómo se peleaba con el artefacto para encenderlo.

Después de 10 minutos más regresó a la mesa con un plato de ensalada cesar. Bueno en realidad sólo era un plato con hojas de lechuga, un poco de parmesano y aderezo césar. No estaba tan mala. Y no llevó el refresco del niño.

Le pregunté de nuevo que dónde estaba la bebida del pequeño. Sólo sonrió y me dijo "perdón, perdón, ahora mismo se la tango". Esa vez cumplió, se metió a la cocina y 10 minutos después regresó con el vaso con naranjada sin hielo que le habíamos pedido casi 30 minutos antes.  Para ese momento ya nos habíamos acabado la "ensalada cesar". Cuando regresó a la mesa, 15 minutos después para decirnos "en 10 minutos más sale su primer corte, ya está en la parrilla", le dije que mientras esperábamos, queríamos más ensalada. Para este punto Alejandra y yo más que estar enojados por la espera, estábamos atacados de la risa de la ineficiencia del tipo, que logramos descubrir era igualito a Alan Harper, pero región 4.

Y es que no parecía que fuera flojo y no quisiera hacer su trabajo. En verdad parecía que se esforzaba, era de esas personas que tienen buena intenciones, pero nomás no tienen el conocimiento necesario para cumplir con sus encomiendas.

Algunos minutos después, -para ese momento ya había perdido la noción del tiempo, no súper si fueron 5, 10 o 20 minutos- regresó con un plato con hojas de lechuga, un poco de parmesano y aderezo escurriendo mal plan por todos lados. Hasta el momento no sabemos si se le fue la mano accidentalmente y lo hizo intencionalmente. Aún así, era tanta nuestra hambre que nos la comimos sólo haciendo de lado el excedente de aderezo.

En este punto yo ya estaba realmente molesto porque tenía mucha hambre. Sin exagerar calculo que ya teníamos ahí como hora y media y sólo habíamos comido unas hojas de lechuga con exceso de aderezo y una naranjada mineral. Cuando le pregunté enérgicamente que si le faltaba mucho, con risita nerviosa me dijo "es que tuve un problema con el asador, pero ya en 5 minutos salen sus cortes".

Cerca de 15 minutos después llegó a la mesa con una "espada" con tres trozos de carne visiblemente quemada en la punta... pero de ese tipo de quemaduras por gas que sólo ennegrecen las cosas por afuera y no llegan a dorar el exterior... eso sí, llegó con toda la actitud de espadero y presentó el artilugio en la mesa preguntando con gran solemnidad y una gota de sudor nervioso escurriendo por su frente: "¿Les ofrezco un poco de pavo con tocino"? Me le quedé viendo con cara de "¡ya pinches era hora!" y con voz fuerte le dije "¡OBVIO!".

Sirvió el engendro de carne en mi plato y al meterle el tenedor y cortar el primer trozo me encontré con que ¡ESTABA CRUDO! Le dije, visiblemente molesto: "¡Esto está crudo! Ta tardaste 2 horas ¿y sólo traes un trozo de carne mal cocida?"

El Alan Harper mexicano se quedó impávido, transparente, petrificado ante mi reclamo. Titubeando y tartamudeando me ofreció una disculpa, me pidió que lo esperara por favor, que lo metía de nuevo al asador.

Obvio le dije que no y le reclamé de nuevo la cantidad de tiempo que se tardó y su mal servicio. Le pedí amable y enérgicamente que me dijera cuánto le debía de las bebidas y la ensalada, que nos retiraríamos porque ya no queríamos nada.

Me dijo que por favor le permitiera compensarlo invitándome las bebidas y ensaladas. Le dije "no quiero nada de ti, muchas gracias". Dejé un billete de $200 doblado bajo el salero, agarré a mi esposa e hijo y nos fuimos de ahí.

El mesero Alan Harper sólo nos siguió con la mirada sin saber que hacer... seguramente nunca le había tocado una situación así...

La moraleja de todo esto es... nunca entres a un lugar que se ve completamente vacío... si está vacío, es por algo. Mejor junta una lana y ve al lugar que te hace feliz.