Las razones de CalderónPor José Manuel HerreraPeriódico La RazónLuz y Fuerza del Centro era una empresa que simplemente no tenía razón de existir. Las “conquistas laborales” la convirtieron en un barril sin fondo, que en 15 años de operación demandó subsidios por 368 mil millones de pesos a precios actuales.
Así lo dijimos el pasado 7 de octubre en este espacio cuando le sintetizábamos al lector los principales indicadores de (in)eficiencia con los cuales operaba esta empresa creada en 1994 para monopolizar la transmisión, transformación, distribución y generación de energía eléctrica en el Distrito Federal y 132 municipios del Estado de México, Hidalgo, Morelos y Puebla, un territorio que concentra 20 millones de habitantes.
Al ser monopolio, la única comparación posible era con su similar, la Comisión Federal de Electricidad, a cargo de Alfredo Elías Ayub, responsable del servicio en el resto del país. Al ponerlas a la par Luz y Fuerza del Centro mostraba una grave situación en perjuicio de los usuarios: por el mayor tiempo que había que esperar para una nueva conexión; por el número de inconformidades; por el número y tiempo de interrupción por usuario, entre otros indicadores.
En el Decreto que extingue a la empresa, el gobierno de Felipe Calderón expone algunas razones adicionales por las que no resulta conveniente, desde el punto de vista de la economía ni del interés público, mantener en funcionamiento a la empresa:
1) Las pérdidas de energía ascienden a 31% del total, con un costo de 25 mil millones de pesos anuales.
2) Sus pasivos laborales alcanzan 240 mil millones de pesos, los cuales no cuentan con la reserva financiera que los respalde.
3) El subsidio para este año será por 41 mil 945 millones de pesos, que de continuar así sumaría 300 mil millones de pesos a lo largo del sexenio.
Según Agustín Carstens, el secretario de Hacienda, la liquidación de Luz y Fuerza constará 20 mil millones de pesos, monto que incluye una generosa compensación extra por 4 mil millones de pesos para el conjunto de trabajadores que acepten su liquidación en el transcurso de un mes. Nada mal cuando se considera que un buen número de ellos serán recontratados.
¡Bravo, Presidente!Por David Páramo
Periódico Excélsior
Felipe Calderón tomó la noche del sábado una decisión que se había venido postergando desde antes del gobierno de Carlos Salinas de Gortari: liquidar LyFC. Lo sorprendente no es la acción sino que a tantos presidentes les haya temblado la mano.No haremos escalas ni en la ineficiente corrupción del SME ni en sus vinculaciones políticas con aquellos quienes quieren mandar al diablo a las instituciones. Tampoco en la prepotencia ridícula de Martín Esparza, quien le había fijado un ultimátum al Presidente. En la marcha del jueves le había exigido que le diera una respuesta a sus peticiones antes del lunes: Calderón actuó de una manera contundente.
En las condiciones en que estaba, LyFC no servía, las pérdidas de operación que superan más de la tercera parte de la energía que compran y distribuyen, los cuales causaron que este año recibieran subsidios por 42 mil millones de pesos y que se hubieran solicitado 35 mil más el próximo (la contribución de 2% busca recaudar 70 mil millones). El convenio de productividad firmado con el SME en 2007 hubiera podido ser un camino a la solución; sin embargo, la dirigencia sindical se mofó de él.
Desde hace algunos meses señalamos en esta columna no sólo la evidente necesidad de acabar con LyFC porque en las condiciones que estaba no servía sino la necesidad primero de exigir a Calderón que tomara medidas drásticas y después cerrar filas en torno a él.
Los siguientes días serán complicados en la Ciudad de México. Marchas, manifestaciones, plantones y hasta intentos de sabotaje para cortar el servicio o empeorarlo. Sin embargo, es el momento en el cual los líderes de la iniciativa privada deben mostrar madurez y congruencia. Durante décadas pidieron que cambiaran las cosas en el SME, ahora deben apoyar.
Si usted es usuario de esta empresa también debe demostrar que está dispuesto a pagar el precio por mejorar, por contar con un servicio que, por lo menos, debe tener rápidamente los mismos estándares que el de la CFE. El cambio implica pagar una cierta cuota de sacrificio. No vale caer en la tentación cobarde de ceder ante la presión.
Una de las quejas que se escuchan algunas veces al jefe del Ejecutivo es que hay sectores de la sociedad que exigen cambios y cuando se comienzan a dar se espantan o van en contra por miedo a las reacciones del movimiento.
La liquidación de LyFC se da simple y sencillamente porque la paraestatal no podía seguir operando de esta manera. El sindicato, lejos de ser un factor de ayuda, se había convertido no sólo en un enemigo del gobierno sino, además, en el principal responsable de la pésima calidad de servicio para los usuarios.
Que no lo engañen. No es una guerra político-electoral en contra de nadie. Esparza y sus afines gritarán mentiras y dirán que se busca una privatización (que sería deseable, pero no está sobre la mesa) o que va en contra del movimiento de Andrés Manuel López Obador o el PRD.
De entrada, habría que preguntar por qué el dinero de un sindicato se usa para financiar a grupos políticos. En el fondo, todos sabemos que LyFC era un enfermo terminal.
No es un movimiento en contra del SME sino a favor de los usuarios de la paraestatal y, más allá, de todos los contribuyentes quienes tienen que destinar una gran cantidad de recursos a una empresa dos rayas más allá de la ineficiencia.
Habrá quienes quieran decir que se trata de un movimiento en contra del SME. Eso no es cierto, puesto que si bien habrá afectación al sindicato, que no los trabajadores porque serán liquidados por encima de la ley y muchos de ellos serán recontratados sobre bases más sanas, es una acción a favor de la mayoría de los mexicanos.
La decisión del gobierno de Calderón no busca acabar con un sindicato sino convertir en eficiente a la peor paraestatal de su gobierno. El SME no es propietario de LyFC sino los contribuyentes a través del Estado.
Habrá quien pueda decir que se está despojando al sindicato, pero se equivocan. Se está corrigiendo el esquilmo que el SME y la administración de LFC han hecho a los contribuyentes durante décadas.

Calderón va en serioPor Leo ZuckermannPeriódico ExcélsiorSe tardó 38 días, pero el Presidente pasó de las palabras a los hechos. Va en serio en aquello que anunció el 2 de septiembre de que piensa hacer los cambios de fondo que el país necesita. Ya comenzó con uno en el que no necesitaba la aprobación del Congreso: la liquidación de Luz y Fuerza del Centro.
Esta decisión se encontraba en el ámbito exclusivo del Ejecutivo federal. Evidentemente la fue preparando. Primero, presentó en su iniciativa de presupuesto de 2010 una partida menor a la que necesitaba la empresa para cubrir su déficit. Y como dicho déficit se debe en gran parte a las prebendas que reciben los trabajadores sindicalizados que operan la compañía, pues esto irritó al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Su líder, Martín Esparza, prometió movilizaciones para evitar la reducción presupuestal.
Pero el gremio sindical se encontraba dividido. Esparza se había enfrentado a Alejandro Muñoz, el tesorero del SME, en la elección para dirigir al sindicato. Todo indica que hubo irregularidades. Se dice que hubo más votos que electores y que votaron agremiados fallecidos. Esparza ganó por un margen de 352 votos, una diferencia de menos de uno por ciento. Muñoz se inconformó. La Secretaría del Trabajo decidió no entregar la toma de nota a Esparza al aducir irregularidades. Ello incrementó la ira de Esparza quien tuvo una postura dubitativa. Por un lado, se resistía a caer en la provocación del gobierno a radicalizarse pero, por el otro, hablaba de emplazar a la empresa a huelga.
El conflicto sindical sirvió para poner el tema de Luz y Fuerza como el principal asunto en los noticieros. Gracias a ello, la opinión pública conoció de la ineficiencia y la corrupción de una empresa controlada por su sindicato. Un servicio eléctrico malísimo con precios altísimos que ni siquiera alcanzaban para cubrir los gastos. De esta forma, los contribuyentes de todo el país tenían que pagar 40 mil millones de pesos al año para subsidiar las prebendas de un sindicato con un contrato leonino. En medio de este debate, Esparza cometió un error. Inauguró un nuevo gimnasio del SME que había costado más de cien millones de pesos. La cancha era de la calidad de las que usan los equipos profesionales de basquetbol en Estados Unidos. Mientras el país padece una profunda crisis económica, el SME enseñaba sus excesos con cargo a los contribuyentes de todo México.
Pocos fueron los que salieron a la defensa del SME. Los usuarios, las verdaderas víctimas de la ineficiencia de Luz y Fuerza, por supuesto que no. A los medios llegaron montones de quejas que daban cuenta del mal servicio y la corrupción. Sólo los partidos de izquierda, sobre todo sus miembros más radicales, defendieron al SME debido a la alianza política que tenían. También otros sindicatos se solidarizaron, quizá por aquello de que “cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar”.
El gobierno se encargó de poner en la agenda el tema de Luz y Fuerza. El ambiente era inmejorable para liquidar a la empresa. Pero muchos nos preguntábamos si se atreverían. Y es que, en el pasado, el gobierno calderonista prometía mucho pero luego se echaba para atrás y entregaba resultados magros. No obstante, el 2 de septiembre el Presidente había ofrecido cambios de fondo. Más allá del discurso, tenía que demostrarlo. El sábado lo hizo. Se atrevió a lo que ningún otro Presidente se había atrevido desde los años ochenta: enfrentarse a uno de los sindicatos más poderosos y radicales de México liquidando la empresa pública más ineficaz de todas.
Ahora el servicio que daba Luz y Fuerza lo proveerá la que quizá sea la empresa pública más eficaz del país: la Comisión Federal de Electricidad. Se trata de una excelente noticia para todos los usuarios del centro de la República.
Imagino, también, que todos los beneficiarios del statu quo en México han de estar preocupados. El Presidente que prometió cambios de fondo está cumpliendo. Enhorabuena. Ya era tiempo.
El conflicto sindical sirvió para poner el tema de Luz y Fuerza como el principal asunto en los noticieros. Gracias a ello, la opinión pública conoció de la ineficiencia y la corrupción de una empresa controlada por su sindicato.

Liquidación de LyFC. Se atrevió CalderónPor Maricarmen CortésPeriódico El Universal
Finalmente el presidente Felipe Calderón se atrevió a liquidar LyFC, una empresa que debió haber sido cerrada desde hace décadas porque está técnicamente quebrada, ofrece un servicio costoso e ineficiente y recibe subsidios por 42 mil millones de pesos anuales
La decisión de liquidar Luz y Fuerza del centro (LyFC) se tomó desde que el secretario del Trabajo, Javier Lozano, negó la toma de nota a Martín Esparza como dirigente del Sindicato Mexicano de Electricistas, aprovechando la coyuntura única de la división interna del SME y la obstinación de Esparza de mantenerse en el cargo a pesar de las múltiples irregularidades en su reelección.
Quien tendrá un papel clave es Alfredo Elías Ayub, director general de la CFE, quien tiene el difícil reto de garantizar la calidad del servicio. Elías Ayub descarta que se registren problemas técnicos porque los equipos de las zonas donde opera LyFC son similares a los de Guadalajara, por lo que refuta las acusaciones del SME en el sentido de que se presentarán fallas técnicas porque el personal de la CFE sí cuenta con la experiencia y capacitación.
La liquidación de Luz y Fuerza del Centro demostró una excelente coordinación por parte de las secretarías de Gobernación, Seguridad Pública, Energía, Hacienda y del Trabajo, donde se cuidaron todas las aristas, desde la toma quirúrgica de las instalaciones, hasta los aspectos jurídicos, económicos y laborales de la liquidación.
Se garantiza así que no se afectará a los jubilados actuales, que seguirán cobrando su pensión vitalicia y se otorgará una indemnización por encima de lo que marca la ley a los trabajadores en activo que en promedio recibirán 2.5 años de su actual salario integrado y se abre incluso la oportunidad para que muchos sean recontratados con el mismo esquema de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). El costo de la liquidación podría ascender a 20 mil millones de pesos con un ahorro muy importante para las finanzas públicas, porque las transferencias se habían incrementado a 42 mil millones de pesos anuales, lo que resultaba ya insostenible en la crisis financiera actual.
El sector privado cerrará filas en apoyo del presidente Calderón, mientras que el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, garantiza que se respetará el derecho de libre manifestación del SME que ahora sí afirma que se unificará para tratar de dar marcha atrás a una decisión que ya es irreversible: la liquidación de la empresa.
¡Muy bien!, ¿ahora qué?Por: Enrique Campos SuárezPeriódico El EconomistaNo, no es por las fraudulentas elecciones internas que organizó Martín Esparza al interior del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) porque se liquida Luz y Fuerza del Centro.
Ése era un asunto que sí competía a la Secretaría del Trabajo, porque como autoridad no podía validar que se violaran los propios estatutos, promovidos, apoyados y aprobados por esos mismos trabajadores.
Luz y Fuerza se liquida porque el propio SME, con esa lucha por el poder, dejó al descubierto ante la opinión pública el robo que constituye al Presupuesto el mantener una empresa de esas características.
Si el SME hubiera entendido desde el principio la inconveniencia de atraer la atención pública, posiblemente no se habrían precipitado las cosas de esta manera.
La decisión presidencial de liquidar ese despilfarro es una que muchos de sus antecesores no se atrevieron a tomar.
Es una determinación que no tiene que pasar por una aprobación legislativa, como pretende el SME y es una acción que sí cumple con la promesa del 2 de septiembre, del propio presidente Calderón, de dejar de hacer sólo lo posible para entrar en el terreno de lo necesario.
Sí hay que reconocer que el primero que tuvo los tamaños de ponerse enfrente del Sindicato Mexicano de Electricistas y sus amenazas fue el secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón.
Si desde esa oficina se hubiera accedido en primera instancia a las presiones y amenazas de Esparza y su SME, seguro que todo habría acabado en más de lo mismo.
La liquidación de Luz y Fuerza costará hasta 20,000 millones de pesos, que son muchos pesos en términos del escaso Presupuesto en este año de crisis. Pero que es poco, si tomamos en cuenta que con eso se acabaría la rabia de una entidad que consume el doble de los recursos públicos de los que goza la UNAM.
A pesar de lo complicado del momento presupuestal, Hacienda tiene la posibilidad de reasignar esos recursos.
El propio secretario Carstens confirma que de aquí al final del año, se pueden lograr “ahorros” en diferentes rubros para completar esa cantidad.
El timing es también adecuado, la Cámara de Diputados analiza ahora mismo el Presupuesto de Egresos, y si hay congruencia en los dichos de los partidos políticos, esta medida debe venir muy bien ante sus exigencias de terminar con el despilfarro de recursos.
Ahora mismo, tanto el PRI como el PRD preparan su plan alternativo de Presupuesto y los dos planteamientos parten de la misma base: más ahorros públicos antes que más impuestos. Así que en la misma semana en que hagan públicas sus propuestas, tendrán que definir si apoyan o no el ahorro de 40,000 millones de pesos al año que se destinaban a Luz y Fuerza.
Ahora, reconfigurar la empresa va a tener un costo, invertir en todo lo que se dejó de modernizar el sistema eléctrico del centro del país implicará mucho dinero.
Lo que tiene que notarse es una curva de eficiencia y mejor servicio. Por eso, lo primero debe hacer CFE es ganarse a los usuarios.
Entonces, hay dinero y hay un planteamiento lógico en la medida, pero también hay muchos intereses creados alrededor de una empresa que no daba buen servicio a sus usuarios, pero sí muchos recursos económicos a su sindicato y beneficiarios políticos que le acompañan.
Esparza repitió muchas veces durante las últimas horas que si el aeropuerto de Atenco se pudo echar para atrás, también lograrían que se desistiera de esta liquidación. Lo que no puede constituir otra cosa que un aviso del método violento para lograrlo.
Y, sí, podría mantener la vía de la violencia. Como sea, tiene el know how de Fernández Noroña y el lopezobradorismo. Pero Calderón no es Fox.
Ya se lo adelantaba la semana pasada, no había que perder de vista que el siguiente recibo del cobro de la luz fuera uno de Comisión Federal de Electricidad. Bien, pues así será y esperemos que se note el cambio.